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Contexto

“Mejor información es más y mejor salud”

La Estrategia Digital en Salud o Plan de e-Salud tiene como misión contribuir a mejorar la salud de la población a través de una gestión oportuna, eficiente y confiable de información estandarizada. El Plan busca apoyar y permitir la consecución de los objetivos sanitarios del sector a través de un uso inteligente de las Tecnologías de la Información. En otras palabras, su desarrollo es condición necesaria para asegurar el cuidado de la salud de los pacientes, la prevención de las enfermedades y la gestión eficiente de los recursos, en un entorno sanitario cada vez más complejo.

Esta estrategia tiene sus raíces en el proceso de Reforma a la Salud llevado a cabo en Chile en los años 2004 y 2005, que implicó grandes desafíos en cuanto a la instalación  de nuevos modelos de atención y de procesos asistenciales, los que a su vez requerían de una gestión precisa de información oportuna basada en sistemas de información inexistentes en esa fecha. Un ejemplo de esto es el intrincado manejo de información necesario para asegurar el cumplimiento de las Garantías Explícitas definidas en el Plan AUGE.

El año 2011, el Minsal crea el Departamento de Gestión Sectorial TIC, y se le da un nuevo impulso a la estrategia digital de salud, que se traduce en el diseño de este Plan de e-Salud, el cual recoge los aprendizajes de los últimos años y los nuevos desafíos del sector, con el propósito de entregar una “hoja de ruta” para los próximo años.

La experiencia internacional es contundente en señalar que este tipo de planes deben pensarse en horizontes no inferiores a los 10 años, tiempo mínimo necesario para construir fundaciones sólidas (infraestructura, arquitecturas de información, estándares etc.), para implementar la granja de aplicaciones requeridas y también producir los cambios en los modelos de atención y en las prácticas de trabajo de las personas. Así lo evidencian otros países que se han tomado en serio estas estrategias, tales como el Reino Unido, Canadá y Australia entre otros.

Es, por lo tanto, fundamental asegurar un financiamiento de largo plazo y una institucionalidad acorde con este desafío.

La evidencia internacional es también generosa en describir y cuantificar los beneficios de este tipo de estrategias, expresados en mejoras en la calidad del cuidado de los pacientes así como en eficiencia en la gestión de los recursos de la red asistencial.