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17 de febrero de 2016

La visión de Salud Conectada para el sistema público chileno

Por Rodrigo Castro, Jefe Depto. de Gestión Sectorial de TIC – MINSAL

En octubre de 2015, la salud pública chilena logró dar un pequeño pero importante paso: desde esa fecha, gracias a un proyecto piloto en dos especialidades médicas, los Servicios de Salud de Talcahuano y Concepción son capaces de intercambiar electrónicamente información clínica de sus pacientes, aun cuando sus sistemas informáticos son diferentes.

Así, los profesionales clínicos del Hospital Guillermo Grant Benavente, de Concepción, pueden acceder al historial médico de pacientes que se atienden en el Hospital Las Higueras, de Talcahuano. Este último, a su vez, cuenta con acceso a la información de contrarreferencia de los pacientes atendidos en Concepción, lo que constituye la primera experiencia de este tipo a nivel de macro red en el país.

Éste es un claro ejemplo de la visión de Salud Conectada para el sistema público chileno que existe detrás de la Estrategia Digital, impulsada por el Ministerio de Salud en Chile a través del Departamento de Gestión Sectorial de TIC.

La Salud Conectada consiste en lograr una real gestión integrada de la salud entre los distintos sistemas, con información obtenida desde el origen de la atención, para así lograr el máximo beneficio a los usuarios y un uso eficiente de los recursos, al contar con información para la toma de decisiones con una visión en 360º del paciente y con una visión prospectiva respecto al impacto de las acciones en los diferentes niveles asistenciales de la red pública.

Uno de los desafíos a los que hoy debe hacer frente el Ministerio de Salud y el gobierno nacional, en el marco de la reforma implementada desde 2004 en el país, es el fortalecimiento de la Red Asistencial para mejorar la accesibilidad, la oportunidad y la calidad de la atención, además de asegurar la protección financiera de los usuarios del sistema público sanitario.

Para ello se ha trabajado utilizando como marco de referencia el modelo promovido por la Organización Panamericana de la Salud, denominado Redes Integradas de Servicios de Salud (RISS), el cual identifica con claridad los efectos negativos que la fragmentación de los sistemas de salud producen, tanto a nivel interno (gestión, uso de recursos) como a nivel externo (baja satisfacción ciudadana con los servicios de salud recibidos).

Precisamente una de las mayores complejidades para mejorar y asegurar el acceso equitativo a la atención de salud es la disponibilidad de información oportuna y de calidad, especialmente en la vinculación de las atenciones en sus diferentes niveles asistenciales: primario, secundario y terciario, lo que va en desmedro de los usuarios del sistema.

En ese sentido, la incorporación de Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) a nivel local (establecimientos) y regional (servicios de salud), y su integración con el nivel central (Ministerio y organismos autónomos), son fundamentales para concretar ese objetivo. Así es como en los últimos años se ha desarrollado en el país una serie de iniciativas para la modernización del sector salud, mediante la implementación de TIC. Con ello se ha logrado un impacto relativamente acotado, centrado principalmente en la gestión interna de establecimiento e instituciones de salud.

Sin embargo, aún queda un largo camino por avanzar hacia una Salud Conectada a nivel nacional y, con ello, consolidar la estrategia digital ministerial. Para materializar esta visión, existe actualmente una serie de proyectos e iniciativas relacionadas, entre las cuales se destacan esencialmente las siguientes:

La apertura de la licitación de un nuevo Convenio Marco de Soluciones Informáticas en Salud, que reimpulsará la implementación del Sistema de Información de la Red Asistencial (SIDRA). Este último busca informatizar los procesos clínicos y administrativos de los centros públicos de salud, con lo cual se espera contar con Registro Clínico Electrónico en 100% de los establecimientos del país en 2020, convirtiéndose así en fuente oficial de información para la estadística, los indicadores y la analítica en salud.
La implementación de una Historia Clínica Compartida, esto es una herramienta que agrupa un conjunto mínimo básico de datos clínicos de un paciente a lo largo de su proceso asistencial, posibilitando que los profesionales de la salud accedan a ella de forma organizada, con el consentimiento previo del paciente.
La implementación de un Repositorio Nacional de Datos en Salud, que permita convertir datos clínicos y administrativos almacenados en las plataformas tecnológicas implementadas en las instituciones sanitarias del sector público en información relevante para la toma de decisiones del nivel regional y central para tableros de mando y analíticas de la población en riesgo.
La implementación de Índices Maestros, vale decir, una base de datos única que permite mantener información consistente, acertada y oportuna de los distintos tipos de elementos que interactúan con el sistema, tales como la identificación de pacientes (MPI), fármacos, diagnósticos, procedimientos y establecimientos. Estos índices maestros entregan servicios en línea a los proveedores de registro clínico electrónico.
La implementación de Servicios Terminológicos, con los cuales se buscará estandarizar el lenguaje y la codificación utilizados para distintos términos en el ámbito de la salud para conseguir interoperabilidad semántica y sintáctica. Para el servidor terminológico se utilizará SNOMED CT (Nomenclatura Sistematizada de Términos de Medicina Clínica), que es una terminología clínica internacional para la documentación de información por sistemas clínicos electrónicos.
La implementación de un sistema RIS/PACS nacional, para el manejo informatizado del flujo de trabajo de la radiología, desde la orden hasta la entrega de resultados de las imágenes. En la lógica de salud conectada y de redes integradas de servicios de salud, es necesario que las imágenes y los informes de resultados estén disponibles en la Historia Clínica Compartida.
Asegurar la interoperabilidad de los sistemas de información, para lo cual es fundamental definir una arquitectura sectorial y adoptar estándares internacionales, tales como HL7 y los perfiles de integración IHE (Intergrating the Healthcare Enterprise), para todos los sistemas de información para permitir el intercambio de datos clínicos y administrativos, tanto aquellos sistemas que son provistos por empresas privadas como para aquellos desarrollados localmente por los propios de los servicios de salud.
La implementación de un proyecto piloto de Salud Conectada, en una zona geográfica acotada, con la intención de evaluar los beneficios que pueden obtenerse de un modelo de información integrada y conectada en tiempo real que considere todos los niveles de atención.

Tal como ha ocurrido en otras industrias, la incorporación de las TIC al ámbito sanitario es un camino necesario e ineludible. La experiencia chilena, desde los primeros pasos en esta materia hasta la fecha, ha logrado validar el aporte de las tecnologías informáticas a la resolución de los desafíos de la salud actual.

Es por ello que la Estrategia Digital en Salud ha recibido el respaldo del gobierno, incorporando en su Agenda Digital 2020 -lanzada en noviembre pasado- seis medidas para el fortalecimiento de la salud pública a través de las TIC, así como también el de otros organismos públicos como el Ministerio de Hacienda, Ministerio de Economía y Corfo, que colaboran en proyectos de innovación, y el de la academia nacional e internacional.

Sin duda, hoy estamos frente a una oportunidad histórica para dar un salto cualitativo en materia de gestión sanitaria, para lo cual es imprescindible contar con liderazgos, en especial el liderazgo clínico, continuar colaborando con el ecosistema y asumir la incorporación de las tecnologías de información como una política permanente del Estado, entendiendo que los tiempos políticos y técnicos no necesariamente coinciden.

 

* Columna de opinión publicada en el sitio Cluster Salud de la revista América Economía